Para elsa
Era septiembre, el verano nos iba diciendo adiós y tú también, hacía ese viento caluroso que nos anuncia el cambio de estación, el otoño, triste y melancólico, se pedía paso a gritos, es el tiempo de que el azul se torne gris y el verde, marchito, se vuelva marrón...... Esa tarde el cielo ardía lleno de furia, un manto de nubes rojas clamaba buscando algo, y eras tú, ya sabía que en ese momento tú alma iba dejando tus pétalos por las veredas y caminos que en vida habías recorrido, y con ellos un poco de tú esencia, mientras recordabas esos breves instantes de felicidad pasajera y efímera que en ellos habías vivido, ya sabía que tú espíritu, miraba, por última vez, a todos aquellos que te lloraríamos poco mas tarde, sin saberlo, a tú manera, nos estabas diciendo adiós, y yo quiero creer, que en ese momento eras feliz porque sabías, aún dentro de tú inconsciencia, que la lucha había terminado, sabías hace tiempo que ya habías perdido la batalla, que ya no se podía hacer más y solo pedías poder irte en paz. Y así te fuiste, en silencio, como esa hoja que va meciendo el viento y poco a poco se aleja por los cielos, sabe Dios a dónde.
Ocho años, mi niña, solo ocho te dejaron vivir, pero valieron para nombrarte la reina del lugar, y ahora eres la reina de los vientos, hay tantos recuerdos, tantas historias, pero es algo tuyo y mío, me es tan difícil estar escribiéndote esto
La última vez que te ví, allí estabas, tendida en esa caja de madera, lívida y serena, sobre todo serena, solo recuerdo que no podía dejar de mirarte, sonreías, estoy seguro de que lo hacías, que poco me faltó para gritarte despierta..... Pero fui yo quien hubo de despertar. Al día siguiente, te despedimos para siempre, incluso el cielo, que tan insistentemente te reclamó, lloraba por ti, maldiciéndose así mismo por impaciente, del acto religioso apenas me acuerdo, solo recuerdo que aquel día gris, dentro de la vetusta iglesia, los corazones estaban encogidos de dolor y llenos de rabia, y que incluso la voz del párroco temblaba de emoción contenida al despedirte, mientras te rociaba por última vez con el agua de la vida. A hombros, como ultimo homenaje, un silencio sepulcral, lágrimas, al poco el nicho, frío y solitario, triste final para el cuerpo que rebosaba vida, y en ese momento, la cruda realidad de que te habías ido para siempre, chocó violentamente en mi cerebro. Todos se fueron, yo no quería dejarte sola, y allí de pié, delante de un frío nicho clausurado por una gris capa de cemento, allí, empapándome con la lluvia, empecé a recordar, y a despedirme.


Meneame
del.icio.us